Vuelo Kuala Lumpur – Jakarta – Yogyakarta: la previa, el durante y el después de perderlo. Cap.3. EL DESPUÉS.

Serían sobre las 20:00h cuando por fin aterrizamos en Indonesia. Aun no sabíamos que lo muy mejor del día estaba por venir… Estamos en Yogyakarta. Bajamos del avión y a pie de pista podemos hasta hacernos una foto al lado de la aeronave. Caminamos entre aviones por la pista de aterrizajes y al no facturar equipaje somos los primeros en pasar por la zona de salidas. El recibimiento es brutal: nos damos de bruces con unos 30 taxistas revolucionados al ver a los 3 guiris, todos volcados sobre una barrera apenas a unos metros deseando llevarnos. Pasamos la barrera y nos rodean formándose un tumulto que nos deja perplejos. Muchos taxistas buscan enganchar a extranjeros para cobrarles un precio muy superior al real, o bien esperando buenas propinas. Con nosotros iban a dar en hueso. Preguntamos en información por autobuses para ir a la ciudad y nos dicen que a esa hora ya no salen así que no nos queda otra que hacer autostop o negociar un taxi. Tras un regateo no nos sale mal de precio, 50.000 rupias (1€ = 12.000 rupias indonesias), lo que se explica porque el taxista buscaba no solo hacer el trayecto aeropuerto ciudad sino que contemos con él para desplazarnos los próximos días por los alrededores, ya que Yogyakarta es una ciudad que cuenta con 2 de sus principales atracciones en las afueras: Borobudur (el monumento budista más grande en el mundo) y los templos de Prambanan.

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Ya teníamos previsto que al llegar aquí podría ser una buena opción buscar un taxista que nos acompañara durando un par de días a todas las zonas que queríamos visitar. Teníamos referencias de cuanto se suele pagar por este servicio de coche con chófer “un día completo”, y tras una buena negociación terminaríamos pagando menos de lo que pensábamos: 10€ por cabeza el día entero con nosotros, desplazándonos desde 1ª hora de la mañana hasta última hora de la tarde, sin cobrarnos la gasolina. Durante 2 días dispondríamos de un coche con chófer en la puerta del hostal en que nos alojábamos y viajaríamos por los alrededores de la ciudad de Yogyakarta, llegando a alejarnos más de 100 km, a un precio increíble comparado con lo que habría que pagar por algo parecido en España. Fue todo un acierto. No recuerdo el modelo de taxi pero era un buen vehículo comodísimo, muy amplio y limpio. Y el taxista muy majo. Imagino que aceptó cobrar ese precio esperando la propina tras el buen servicio prestado, además de que le invitamos a comer y beber el tiempo que nos acompañó.

El taxi nos dejó al lado del hostal donde reservamos online, situado en una buena zona con buen ambiente al lado de una de las calles principales de la ciudad, Malioboro St., y nos despedimos hasta la mañana del día siguiente a las 06:00 a.m.

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Al bajar del taxi vemos en alguna tienda que hay excursiones organizadas a las zonas que queremos visitar pero al ser 3 nos sale más a cuenta disponer de coche propio, tanto por el dinero como por la libertad que nos dará para parar donde, cuando y cuanto nos apetezca.
Cuando nos acercamos al hostal nos encontramos con otra sorpresa: nos estaban esperando un par de taxistas para ofrecernos el servicio recien comentado que la gran mayoría de turistas que paran aquí necesitan. No nos extrañaría que estuvieran avisados por el hostal de nuestra llegada esa tarde. Primero se nos acerca un amable hombre cuarentón, vistiendo de paisano (en el aeropuerto a los taxistas se les distinguía por su uniforme), al que emplazamos para hablar en un rato tras dejar las maletas e instalarnos, por si nos ofreciera un mejor precio (tenemos el teléfono del primer taxista por si cambiábamos de planes). Ya en recepción recogemos la llave de las habitaciones y nos dicen que podemos pagar al día siguiente. Tras dejar las súpermochilas (*ver:  https://maniacospro.files.wordpress.com/2011/07/sc3bapermochilas.jpg ) nos diponemos a ducharnos y de repente se presenta el otro taxista en la puerta entreabierta de la habitación diciéndonos en un buen inglés (en esta zona de Indonesia la mayoría de gente no va a hablar inglés, aunque también dimos con muchos vendedores y locales que lo chapurreaban) que pertenece al hostel y nos pregunta si necesitamos vehículo. Le explicamos nuestro plan para que nos de un precio. El amigo va y nos dice que como “special price” 1 millón de rupias por los 2 días (unos 80€), ante lo que le contestamos amablemente que no nos interesa, pero el taxista insistiría una y otra vez, daba una pequeña vuelta por el hostal y volvía a buscarnos. Como empezó a resultar pesado le explicamos que ya teníamos pactado con un compañero suyo que nos cobraría 30€ por día y sorprendido nos contesta que es imposible por ese precio, que no puede bajar tanto porque eran viajes muy largos. Parece que da por hecho que el precio que le dijimos no era real y pensó que lo que queríamos era regatear con él hasta ese precio, por lo que nos sigue insistiendo. Ahora baja hasta las 900.000 rupias… la situación se vuelve dantesta y nos lo tomamos con buen humor (como no podía ser de otra forma). Tras aguantar las constantes idas y venidas del amigo sobre 15 minutos, al fin terminó por desistir.

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Parecía que el largo día lleno de incidentes no daría mucho más de sí, pero MEEEEC, error. Aun quedaba por venir lo mejor. Tras la ducha salimos para ver los alrededores y comer algo. Se ha hecho algo tarde y ya es noche cerrada. Preguntamos en un badulaque cercano, abiertos 24/7, a una pareja sobre donde podemos cenar y nos informan de que estamos en pleno Ramadan! en la mayoría de Indonesia la mayoría de población es musulmana, excepto en Bali y alguna otra isla. El estar durante el Ramadan supone que por la noche la ciudad pierde el bullicio que por lo que habíamos leído tiene el resto del año. Como dije estamos en una buena zona, una de las calle principales de la ciudad está a un par de minutos andando, aunque nuestra calle ya sobre las 22:30h está casi desierta y tiene muy poca iluminación. Seguimos paseando algo despistados cuando vemos venir a lo lejos a una chica que parece nativa. La chica me sorprende por el enorme parecido con una de las actrices de la enorme serie “The Wire” (serie made in HBO, al igual que Los Soprano, A 2 metros bajo tierra o Juego de tronos, entre otras grandes producciones). Es tal el parecido que por un momento hasta dudo de si estaba ante la mismísima detective Kima! estaba claro que la actriz no iba a estar por aquellas tierras, pero para más inri llevaba una gorra al igual que suele hacer la detective. La chica, que vestía una ropa muy humilde, se dio cuenta de que la mirábamos y surgió conversar con ella, le preguntamos donde podíamos comer algo y se ofreció a acompañarnos para indicarnos. La chica hablaba algo de inglés y ante mi intento por explicarle que era clavada a una gran actriz se tronchaba.

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Caminamos durante un minuto y de repente nos encontramos ante el mejor momento del día, nada más y nada menos que el mejor restaurante del mundo!. Nos había llevado a un puesto de comida callejera en mitad de una callejuela sin apenas luz, con una pequeña cocina rodeada por varios envases llenos de comida junto a los cuales había colocados dos bancos, ocupados por 5 indonesios, mayores de 40 años que no hablaban ni una palabra de inglés, excepto uno más joven que chapurreaba lo justo. Nuestra nueva amiga les habló en indonesio imagino que explicándoles un poco por qué estaba allí con 3 extranjeros y rápidamente nos hicieron sitio para sentarnos. Parecían encantados por recibir nuestra visita. Aquello más que un puesto callejero de comida parecía una reunión nocturna de amiguetes, charlando de sus cosas al fresco ideal que ofrecen las noches, después de un día que suele ser bastante caluroso por aquí.

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El más contento por nuestra aparición debe ser el chef que a esas horas de la noche aun tiene mucha comida y ya poca caja esperaría hacer. Parecen todos atónitos esperando que nos sirvamos sin nadie explicarnos nada, tiene que ser la chica la que nos ofrezca platos y nos dice que nos sirvamos lo que queramos. Trócoli no tiene nada de apetito pero JC y yo sí que nos disponesmos a disfrutar del buffet libre, sin preguntar precio (por supuesto no aparece precio anunciado por ningún sitio). Había donde elegir: arroz, pescado rebozado, huevos fritos, pollo picantón y varias cazuelas más que difícilmente podíamos saber qué comida era, aunque en esa zona desde luego nada de carne de perro, ratas o insectos (por lo que hemos leído esto se puede llegar a ver en algunas zonas de China, Vietnam o Laos, aunque no es nada común).

Mientras comemos no paramos de reir por lo inaudito de vernos cenando en un sitio así, siendo el centro de atención pero la mar de a gusto. Cada uno de nuestros gestos, cada detalle de como comemos sus platos, es observado entre sonrisas por los nativos. Cada vez que decimos algo en inglés la chica hace de traductora y todos se tronchan, siendo evidente que lo hacen por lo insólito de la situación para ellos y sin ninguna maldad. Al poco aparecen un par de hombres más y allí que se acoplan, a vernos comer, menudo show! Puede que se corriera la voz entre los lugareños porque algún chico más se asomó algo tímito y se marchó, también apareció un joven que recogió algo de comida para llevar y no vimos que pagara nada. Les llama la atención la cerveza Heineken que bebe JC, comprada en el 24 horas en que paramos antes.
JC termina de comer primero. La comida debía llevar ya horas cocinada, estaba fría pero no era mala. A mi me cunde poco ya que voy dando más charla. Aprovecho para preguntar por los puros que me encargó mi compañero Andrés, el chico más joven dice que hay buen tabaco en Indonesia y que podemos comprar allí mismo muy cerca.
Un poco después de terminar pedimos la cuenta, “the bill”, de broma sabiendo que no iba a haber factura impresa alguna. El chef está un rato pensando cuanto dinero pedirnos, ahí pensamos que nos va a cobrar precio guiri y le decimos a la chica que por favor no nos trataran como turistas (sabemos que el precio real lo pueden multiplicar por 5 fácilmente), al final nos pide 25.000 rupias (1€ por cabeza), le damos algo de propina por el genial rato pasado y todos tan contentos.

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Nos despedimos con una “Salamat Paki” (adiós) y regresamos al hostal. Cansados después de la odisea de día pero ilusionados por los días que nos esperan, cogemos la cama dispuestos a soñar con los angelitos indonesios. Nos esperaba un día especialmente intenso.

T.

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